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Las trabajadoras domésticas - Por María Elena Alvarez-


La reglamentación del servicio doméstico aparece por primera vez en 1798. Las Leyes de Parida Dispersa especificaban que “el sirviente” debía estar dispuesto a defender a su amo hasta con su propia vida si era necesario. En 1821, durante el movimiento de Independencia, una orden de las Leyes de las Cortes de Cádiz reconoció por primera vez a los “criados” que hacían las tareas de la casa como “sirvientes domésticos”, dándoles así una categoría a las labores que desempeñaban.
Los Códigos Civiles emitidos por los liberales en 1870 y 1884 regularon a los trabajadores domésticos y los definieron como “el que presta los servicios de aseo o asistencia temporal a cualquier individuo, por otro que viva con él, mediante ‘retribución’”, y señalaba que el sirviente doméstico tenía la obligación de “hacer todo aquello que sea compatible con su salud, estado, fuerzas, aptitudes y condición”.
Estos artículos nos parecen bárbaros, sin embargo, fueron un principio de reconocimiento de los derechos a favor de los trabajadores domésticos, como fue la retribución de su trabajo, que inicialmente no existía.


Actualmente, el trabajo del hogar que se realiza a cambio de una remuneración se define como “las actividades domésticas de limpieza, preparación de alimentos, lavado y planchado de ropa, que normalmente se realiza a cambio de un pago”.
Las amas de casa que cuentan con una persona que las ayude en estas actividades dicen que “las trabajadoras domésticas son la alegría del hogar”; no obstante, no todas las trabajadoras domésticas pueden decir que los hogares donde laboran sean la alegría a sus vidas. Aun cuando hay excepciones, en muchos casos sufren vejaciones, cargas excesivas de trabajo, pagas injustas, malos tratos y hasta acoso sexual.
El día 30 de marzo es el Día de las Empleadas del hogar, si no lo sabían, todavía es tiempo de que les preparen algún regalito, una gratificación, o por lo menos les den la tarde libre.
El Día Internacional de las Empleadas del Hogar se deriva de una iniciativa del primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, realizado en Bogotá, Colombia, en 1988, en el que se estableció la celebración con el fin de revalorar y recordar la necesidad de mejorar la situación de estas trabajadoras.
Históricamente, las trabajadoras domésticas han vivido en condiciones de desigualdad, discriminación y con nulo ejercicio de sus derechos, debido a que la mayoría de ellas no cuentan con recursos económicos, vienen de otros estados, no tienen dónde vivir e incluso algunas no saben leer ni escribir.
Datos del 2006 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que 1.8 millones de personas desempeñan actividades y servicios en los hogares a cambio de un pago; de ellas el 91 por ciento corresponde a mujeres y una de cada cuatro es jefa de familia. Un porcentaje importante de las trabajadoras no tiene hijos y de las que sí tienen, más de la mitad son madres solas y en la mayoría de los casos los hijos no viven en la casa donde trabajan, los dejan con parientes o amigas y los ven sólo los fines de semana. Si la trabajadora es de “entrada por salida”, al llegar a su vivienda tiene que realizar las tareas de su propia casa y encargarse de la atención de sus hijos.
Del total de trabajadoras domésticas, la quinta parte corresponde a menores de 20 años, edad en la que les correspondería iniciar una carrera profesional. También hay un 15 por ciento de mujeres mayores de 50 años, edad en la que se supone deberían estar viviendo la realización de su proyecto de vida, pero no hay tal, nacen y mueren realizando trabajos domésticos, una parte sin paga y otra con una tan reducida que no les permite ningún cambio en su vida, sólo logran sobrevivir.
En las estadísticas se puede observar también que en las ciudades donde aumenta el porcentaje de instrucción, disminuye el número de trabajadoras domésticas. En estas ciudades la disminución de la oferta está permitiendo la mejora del salario para las trabajadoras. También está sucediendo que un número importante de mujeres con educación media o superior se emplean por horas en los hogares que requieren servicios de cuidados para niños, en las vacaciones o por la noche, o para acompañar a personas mayores cuyos familiares no pueden hacerlo, para llevarlas al médico o para asistir a eventos culturales. Esta área empieza a crecer y en ella las remuneraciones son más satisfactorias para las mujeres, aun cuando no siempre es un ingreso permanente.
El Artículo 123 reconoce derechos para todos los trabajadores, sin embargo, el empleo doméstico sigue siendo un empleo informal, sin contrato, sin prestaciones ni seguridad social y sólo dos de cada 10 trabajadoras domésticas reciben de sus patrones estos beneficios.
Este 30 de marzo deberá cumplir su objetivo: reflexionar qué estamos haciendo como país con casi dos millones de mujeres que ayudan a otras a tener una mejor calidad de vida, sin poder mejorar la propia. Urge establecer políticas públicas, crear leyes, llevar educación de calidad a todas las niñas y cada empleadora que tenga a su servicio una trabajadora doméstica, valorarla como persona y remunerarla con justicia.

*Diputada del PAN  -  melenavicencio@hotmail.com
Artículo publicado en La Crónica  de Hoy el día 30 de marzo

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De Impacto

ESTADÍSTICA MUNDIALES SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO

• Del 45% al 60% de los homicidios contra mujeres se realizan dentro de la casa y la mayoría los cometen sus cónyuges.
• La violencia es la principal causa de muerte para mujeres entre 15 y 44 años de edad, más que el cáncer y los accidentes de tránsito.
• La violencia contra las mujeres y las niñas es un problema con proporciones de epidemia, la violación de los derechos humanos más generalizada.
• La Comisión de las Naciones Unidas señala que por lo menos una de cada tres mujeres y niñas ha sido agredida física o abusada sexualmente en su vida.
• El miedo y la vergüenza siguen impidiendo que muchas mujeres denuncien la violencia y, por ello, los datos recogidos son inconsistentes.
• La violencia contra la mujer, destroza vidas, rompe comunidades y detiene el desarrollo. Ellas son parte vital de nuestra sociedad.
• La violencia a las mujeres ha existido siempre. Lo más grave es que nos hemos acostumbrado a ella y la vemos como algo normal.
• Las adicciones alteran la conducta y en la mayoría de casos de violencia a mujeres es bajo el efecto de alcohol o drogas.
• En México 1 de cada 5 mujeres ha sido maltratada física o sexualmente.
• Cada 15 segundos una mujer es agredida.
• En 1 de cada 3 hogares ha habido maltrato emocional, intimidación, abuso físico y sexual.
• A escala mundial, se estima que al menos 1 de cada 3 mujeres ha sido golpeada, coaccionada para tener relaciones sexuales o ha sufrido otro tipo de abusos por algún hombre presente en su vida.
• Cada 6 horas ocurre el asesinato de una mujer en México.
• 1 de cada 5 días de trabajo que pierden las mujeres se debe a la violencia que sufren.
• 40% de los asesinatos de mujeres ocurren en su propio hogar.
• Cada 9 minutos una mujer es violentada sexualmente.
• 4 de cada 5 de las mujeres separadas o divorciadas reportaron situaciones de violencia durante su unión, y un 30% continuaron padeciéndola, por parte de ex parejas, después de haber terminado su relación.
• Más de 85% de los casos de agresión contra mujeres que son denunciados en México quedan impunes.
• Del total de las mujeres casadas o unidas, 60% ha sufrido algún tipo de violencia patrimonial, ya sea por algún familiar u otra persona.
• Los costos sociales y económicos de la violencia contra la mujer son enormes y repercuten en toda la sociedad. Las mujeres pueden llegar a encontrarse aisladas e incapacitadas para trabajar, perder su sueldo, dejar de participar en actividades cotidianas y ver menguadas sus fuerzas para cuidar de ellas mismas y de sus hijos.
• En México, los costos económicos y sociales derivados de las agresiones hacia las mujeres, sus familias y comunidades ascendieron, en 2008, a más de 168 mil millones de pesos.
• Los costos económicos de la violencia se calculan a partir de la menor participación de las mujeres en el mercado laboral, menor productividad en el trabajo y mayor ausentismo; la violencia también genera menor capacidad de ahorro e inversión.
• La violencia doméstica tiene un impacto potencial sobre la capacidad futura de los niños para conseguir un empleo adecuado, ya que los niños que vienen de hogares violentos suelen tener escaso rendimiento escolar, en Latinoamérica, la edad promedio de deserción escolar es de 9 años en caso de existir violencia intrafamiliar, contra 12 años en caso de no contar con ella

VIVAN LAS MUJERES DE MÉXICO!!!

NO lo MAQUILLES

MUJERES-MUSAS